
📰 Inflación baja en los números, pero el changuito sigue vaciándose
NuevaHoraMagazine
El espejismo de los porcentajes
El Gobierno celebra la baja de la inflación mensual —de dos cifras a números que parecen razonables—, pero esa estadística no alcanza para explicar la vida cotidiana.
La inflación oficial se calcula sobre una canasta promedio y en pesos, pero los precios reales que enfrentan los hogares dependen de otros factores que van mucho más allá del índice del INDEC.
1️⃣ Inflación oficial (IPC)
El INDEC mide un promedio de aumentos de precios sobre una canasta de bienes y servicios. Sin embargo, esa canasta no refleja lo que cada familia compra.
Mientras el promedio nacional puede marcar un 2 % mensual, los alimentos básicos pueden subir el doble o más, generando una inflación “sentida” muy superior a la que aparece en los números oficiales.
2️⃣ Devaluación del peso
Entre 2024 y 2025, el peso argentino perdió alrededor del 46 % de su valor frente al dólar, pasando de unos $979 a más de $1.440 por dólar.
Esta devaluación encarece todo lo que tiene insumos o componentes importados, desde el combustible hasta los alimentos, provocando aumentos que el índice general no logra reflejar completamente.
3️⃣ Ingreso real
El dato más duro: los salarios, jubilaciones y programas sociales no suben al ritmo de los precios.
Aunque la inflación baje, si el ingreso no mejora, el poder de compra sigue cayendo. Por eso, para la mayoría, el dinero “rinde menos” incluso en meses donde el INDEC informa estabilidad.
4️⃣ La canasta del consumidor
La canasta oficial del IPC incluye rubros que el ciudadano común no consume todos los meses, como electrodomésticos o esparcimiento.
En cambio, la gente destina la mayor parte de sus ingresos a alimentos, transporte, vivienda y servicios, los cuales suben más rápido y en algunos casos están atados al dólar.
El resultado: el índice general baja, pero el ticket del supermercado sube.
Reflexión final
La inflación oficial podrá estar en descenso, pero el argentino promedio sigue más pobre en poder de compra.
Los precios bajan en los papeles, pero la heladera vacía y el sueldo que no alcanza dicen otra cosa.
La economía puede mostrar gráficos positivos, pero la calle muestra un país que sigue ajustando.
El desafío para cualquier gobierno no será solo bajar la inflación en los números, sino devolverle valor al salario y estabilidad a la moneda, para que la baja de la inflación se note donde realmente importa: en la mesa de los argentinos.






























