
De Jerusalén a los templos evangélicos: la dimensión religiosa en la construcción política de Javier Milei Símbolos, gestos y poder en la Argentina contemporánea
NuevaHoraMagazine
En febrero de 2024, en su primer viaje oficial al exterior como presidente, Milei visitó el Muro de los Lamentos en Jerusalén.
No fue un gesto menor:
Se mostró visiblemente emocionado durante la oración.
Ratificó su alineamiento político con Israel.
Expresó públicamente su cercanía espiritual con el judaísmo.
El simbolismo fue potente: su primer viaje presidencial tuvo una fuerte carga religiosa y geopolítica.
En política, los símbolos hablan.
Oraciones en la Casa Rosada y vínculo con iglesias evangélicas
Durante su gestión también se registraron encuentros y oraciones con líderes evangélicos en la Casa Rosada, así como participación en actos vinculados a ese sector religioso.
Además, su gobierno avanzó en medidas administrativas que simplificaron trámites para iglesias no católicas, un gesto interpretado por algunos como acercamiento político hacia el mundo evangélico.
Esto se produce en un contexto donde el universo evangélico ha crecido territorialmente y tiene presencia activa en barrios populares, trabajo social y redes comunitarias.
La relación con la Iglesia Católica
La relación con la Iglesia Católica ha sido más compleja.
Antes de asumir la presidencia, Milei había sido muy crítico del Papa Papa Francisco.
Ya en ejercicio del poder, el vínculo institucional se moderó, aunque persisten diferencias discursivas y tensiones en torno a la agenda social.
Este contraste muestra que la dimensión religiosa en la política argentina no es homogénea ni lineal.
Fe personal y construcción política
Es importante distinguir dos planos:
1️⃣ La fe personal de un dirigente.
2️⃣ El uso o impacto político de esa dimensión espiritual.
En el caso de Milei, la religión aparece como parte de su identidad pública y como elemento simbólico en su posicionamiento nacional e internacional.
No es exclusivo de su espacio político: distintos gobiernos han cultivado vínculos con estructuras religiosas en busca de legitimidad territorial o respaldo social.
Una constante argentina
Argentina tiene una larga tradición de cruces entre religión y política.
Desde las tensiones históricas del peronismo con la Iglesia Católica durante el gobierno de Juan Domingo Perón, hasta los actuales acercamientos con el mundo evangélico, la frontera nunca fue completamente rígida.
Lo que cambia hoy es la visibilidad y la intensidad simbólica.
La pregunta de fondo
Cuando un presidente ora en el Muro de los Lamentos, recibe pastores en la Casa Rosada o modera su relación con la Iglesia Católica, la discusión no debería reducirse a simpatías personales.
La pregunta es más amplia:
¿Estamos frente a una espiritualización de la política?
¿O ante una estrategia de construcción de poder que reconoce el peso territorial y cultural de las religiones?
En una sociedad fragmentada, con crisis de representación y desconfianza institucional, los espacios religiosos muchas veces ocupan el lugar de contención que el Estado no logra sostener plenamente.
Y allí, la fe deja de ser solo fe.
Se convierte también en símbolo.
En mensaje.
Y en poder.


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