La salud mental como bandera política: oportunidad de cambio o riesgo de manipulación

Congresos, charlas y frases motivacionales. La política habla de salud mental, pero la credibilidad perdida hace pensar que detrás del discurso hay más marketing que soluciones. ¿Compromiso real o estrategia de manipulación social? La salud mental es un derecho, no un eslogan. Cuando la política la convierte en herramienta de campaña, corre el riesgo de manipular en lugar de cuidar.

28/08/2025NuevaHoraMagazineNuevaHoraMagazine
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En los últimos tiempos, la política Riograndense parece haber descubierto un nuevo tema de moda: la salud mental. Se multiplican los congresos, las charlas y las campañas que hablan de bienestar emocional, resiliencia y autocuidado. Desde los micrófonos oficiales, los dirigentes se muestran preocupados y hasta ofrecen asistencia en el área.

Sin embargo, el trasfondo merece una mirada más crítica. Porque no podemos olvidar que los políticos han perdido casi toda credibilidad ante la sociedad. Sus palabras ya no generan confianza, sus promesas no se cumplen y su corrupción los volvió sinónimo de rechazo. En ese contexto, surge una pregunta inquietante: ¿están realmente comprometidos con la salud mental de la población o están usando la psicología como herramienta de manipulación social?

El riesgo es claro. Al no poder mostrar gestión ni resultados, muchos dirigentes recurren a discursos terapéuticos: mensajes de calma, frases motivacionales, llamados a la resiliencia. Todo esto puede sonar bienintencionado, pero también puede funcionar como un modo de adormecer el enojo social, de moldear pensamientos hacia la aceptación o la resignación. Una manera de pedir paciencia mientras la realidad sigue empeorando.

Por eso, es importante que la sociedad pueda distinguir entre política pública real y marketing disfrazado de empatía. La verdadera asistencia en salud mental no son las frases de autoayuda, sino los hospitales equipados, los profesionales pagos y los programas accesibles. Los congresos y charlas deben servir para diseñar acciones aplicables y medibles, no para llenar titulares. Y cada anuncio debería ir acompañado de transparencia: cuánto se invierte, dónde se aplica ese dinero y qué impacto tiene en la vida cotidiana de la gente.

La salud mental es un derecho y necesita respuestas concretas. Cuidarla es urgente. Manipularla, en cambio, es peligroso. Y esa línea es la que debemos vigilar con atención.

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