




Cuando informar deja de ser informar: una preocupación periodística, ética y democrática
NuevaHoraMagazine
Existe hoy una preocupación creciente —y legítima— en torno a la forma en que se informa sobre el mundo. No se trata de errores aislados ni de simples imprecisiones, sino de una práctica cada vez más frecuente: repetir sin explicar, afirmar sin contextualizar y presentar interpretaciones políticas como verdades universales.
Cuando un medio repite que un recurso es “ilícito” sin explicar por qué,
cuando omite aclarar según qué país o bajo qué marco legal se hace esa afirmación,
cuando convierte sanciones unilaterales en reglas universales,
no está informando: está tomando partido por el poder sin decirlo.
Y eso es grave.
Grave porque desarma el pensamiento crítico del lector, que deja de preguntarse quién define, desde dónde y con qué intereses.
Grave porque naturaliza abusos internacionales, presentándolos como acciones legítimas o necesarias.
Grave porque justifica que el más fuerte imponga reglas al resto, no por consenso, sino por capacidad de presión.
El conflicto geopolítico no es nuevo. Las disputas entre Estados, los intereses económicos y las tensiones de poder existieron siempre. Eso no es lo vergonzoso.
Lo verdaderamente preocupante es disfrazar la dominación de legalidad y llamar a eso “noticia”.
El periodismo tiene una responsabilidad que va más allá de reproducir declaraciones o replicar cables. Informar implica explicar, contextualizar y diferenciar hechos de interpretaciones. Cuando esa tarea se abandona, la información deja de cumplir su función social y pasa a ser una herramienta más del poder.
En un mundo atravesado por conflictos, desigualdades y disputas globales, el lenguaje no es neutro. Cada palabra importa. Cada omisión también.
Por eso, cuestionar cómo se informa no es una postura ideológica: es una defensa básica de la ética periodística y de la democracia.
Porque cuando informar se convierte en repetir sin pensar, la noticia deja de servir a la gente y empieza a servir al poder.
👉 Y entonces, la pregunta es inevitable: quién define hoy qué es legal y qué no?


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