
“¡Puedo!”: la decisión que nadie puede tomar por nosotros
NuevaHoraMagazine
En una época donde muchas personas sienten que todo está condicionado —por la economía, la política, la injusticia o las circunstancias—, vale la pena detenerse en una idea simple, casi olvidada: nadie empieza sin nada. Todos contamos, al menos, con la capacidad de pensar, decidir y actuar.
El poema “Equipamiento”, del escritor Edgar A. Guest, gira en torno a esa afirmación. No promete éxitos rápidos ni niega las dificultades. Lo que hace es algo más profundo: recordar que el punto de partida siempre está en la decisión personal.
Decir “¡puedo!” no significa ignorar los obstáculos ni desconocer las injusticias reales. Significa no permitir que esas condiciones definan por completo quiénes somos o hasta dónde podemos llegar. Es reconocer que, aun en contextos adversos, existe un margen —a veces pequeño, a veces enorme— donde la voluntad sigue siendo propia.
Muchas veces el mayor límite no está en lo que falta, sino en lo que se acepta como imposible. Cuando una persona deja de intentarlo, deja también de explorar sus propias capacidades. Y eso ocurre no porque no tenga herramientas, sino porque renuncia a usarlas.
La historia muestra que quienes lograron transformar su realidad no comenzaron con privilegios extraordinarios. Comenzaron con lo mismo que cualquier otro: tiempo, esfuerzo, errores y aprendizaje. La diferencia no estuvo en el equipamiento, sino en la decisión de avanzar.
En una sociedad que suele señalar lo que no se puede, recuperar el “¡puedo!” es casi un acto contracultural. No como negación de la realidad, sino como afirmación de la responsabilidad personal frente a ella.
Decir “¡puedo!” no garantiza resultados. Pero no decirlo garantiza el estancamiento.
Es el primer paso antes de estudiar, trabajar, cambiar, resistir o empezar de nuevo.
Tal vez no todo dependa de nosotros. Pero siempre hay algo que sí: la decisión de no resignarse, de intentarlo una vez más, de no cederle a otros la última palabra sobre nuestro destino.
Porque al final, más allá de los contextos, las crisis y las limitaciones, hay una verdad que sigue vigente:
👉 nadie puede vivir ni elegir por nosotros.
Y todo camino posible empieza, silenciosamente, con una palabra sencilla y poderosa:
¡Puedo!


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