




Tierra del Fuego ante una pregunta incómoda: ¿cuál es el proyecto de provincia?
NuevaHoraMagazine
Hay una pregunta que Tierra del Fuego debería empezar a hacerse con mayor profundidad: ¿cuánto tiempo puede una sociedad soportar la incertidumbre sin saber hacia dónde va su provincia?
La discusión excede a un gobierno, un partido político o un dirigente. Tierra del Fuego llega al tramo final de 2026 atravesada por preocupaciones vinculadas al empleo, la actividad económica, el futuro de sectores productivos y las dificultades que enfrentan muchas familias para sostener sus ingresos.
Detrás de cada puesto de trabajo que se pierde no hay solamente una estadística. Hay una persona, una familia y un proyecto de vida que entra en incertidumbre. Y detrás de cada fueguino que decide buscar oportunidades fuera de la provincia hay una historia que merece ser mirada más allá de cualquier discusión partidaria.
Quizás la pregunta política más importante no sea cómo administrar la crisis, sino qué proyecto existe para salir de ella.
Garantizar salarios, servicios y el funcionamiento del Estado es indispensable. Pero administrar una provincia requiere también pensar cómo generar inversión, infraestructura, producción privada y pública, empleo y oportunidades que permitan proyectar una vida en Tierra del Fuego.
Y allí aparece el interrogante central: ¿cuál es hoy el proyecto de desarrollo de la provincia?
Tierra del Fuego necesita discutir qué sectores pueden generar empleo durante la próxima década. Qué lugar tendrán la industria, los hidrocarburos, el turismo, la pesca, la economía del conocimiento, el comercio, la construcción y las nuevas actividades productivas. También necesita definir qué infraestructura será necesaria para sostener ese desarrollo y cómo se atraerán inversiones capaces de generar trabajo genuino.
La política y el calendario electoral
Hay, además, otro elemento que comienza a ingresar inevitablemente en escena: 2027 será un año electoral.
Con el calendario acercándose, comenzarán las conversaciones sobre candidaturas, alianzas y estrategias. Es parte natural de la democracia. Pero el riesgo aparece cuando la discusión sobre quién ocupará los cargos termina desplazando una pregunta mucho más importante: qué se piensa hacer con la provincia.
No podemos saber qué piensa cada dirigente ni reducir todas las decisiones públicas a una especulación electoral. Pero sí corresponde exigir que la agenda política no quede absorbida por la construcción de candidaturas mientras existen problemas económicos y sociales que requieren respuestas ahora.
Porque ninguna campaña puede modificar retrospectivamente una realidad concreta.
La persona que perdió su trabajo necesita una oportunidad.
El comerciante que no puede sostener su actividad necesita condiciones para continuar.
El empresario que piensa invertir necesita previsibilidad.
Y el joven que termina de estudiar necesita razones para imaginar su futuro en Tierra del Fuego.
El riesgo de acostumbrarnos
Quizás allí esté uno de los mayores peligros.
No necesariamente en una crisis que estalle de un día para otro, sino en una crisis que lentamente se vuelva cotidiana.
Acostumbrarnos a escuchar que alguien se fue porque no encontró trabajo. Acostumbrarnos al cierre de una actividad. Acostumbrarnos a postergar inversiones. Acostumbrarnos a discutir únicamente cómo alcanzar a pagar las obligaciones inmediatas.
Una sociedad puede soportar muchísimo. Puede ajustar gastos, buscar un segundo ingreso, postergar proyectos y reinventarse una y otra vez.
Pero esa capacidad de resistencia no debería confundirse con conformidad.
Que una sociedad aguante no significa que esté bien.
Y tampoco debería ser presentado como el éxito de ninguna gestión política.
Antes de las urnas, las respuestas
El malestar social también tiene expresión política. En una democracia, una de esas expresiones aparece en las urnas, aunque nadie puede anticipar qué decisión tomará cada ciudadano ni hacia dónde se orientará ese descontento.
Por eso, el desafío para la dirigencia fueguina de cara a 2027 no debería limitarse a construir candidaturas, alianzas o campañas.
Debería ser capaz de responder preguntas mucho más difíciles:
¿Qué modelo productivo puede sostener Tierra del Fuego?
¿Cómo se recupera y genera empleo?
¿Qué inversiones necesita la provincia?
¿Qué obras son prioritarias?
¿Cómo se fortalece al sector privado sin abandonar las responsabilidades del Estado?
¿Y qué oportunidades se van a construir para que un joven pueda elegir quedarse?
La discusión política que viene debería empezar por ahí.
Porque una provincia no puede tener como único horizonte llegar a fin de mes y mantener funcionando su administración. Necesita saber qué quiere producir, dónde quiere invertir, qué empleo quiere generar y cómo piensa desarrollarse.
Tierra del Fuego necesita un horizonte.
Y quizá la pregunta que la política debería responder antes de pedir nuevamente el voto sea mucho más sencilla de formular que de contestar:
¿Qué provincia queremos construir y cuál es el plan concreto para llegar hasta ella?
Porque una sociedad no debería agradecer que sus gobernantes hayan conseguido simplemente mantenerla a flote.
Debería poder exigirles algo más importante:
un rumbo.
La pregunta también es para vos
Esta discusión no pertenece solamente a gobernadores, intendentes, legisladores, concejales o dirigentes políticos. También atraviesa a quienes todos los días trabajan, producen, estudian, buscan empleo, sostienen un comercio o intentan formar una familia en Tierra del Fuego.
Por eso queremos abrir la conversación.
¿Sentís que Tierra del Fuego tiene hoy un proyecto de futuro? ¿Qué debería hacer la política para generar trabajo y oportunidades? ¿Pensaste alguna vez en irte de la provincia por falta de oportunidades?
Queremos conocer tu mirada. Dejá tu opinión y contanos qué Tierra del Fuego imaginás para los próximos años.


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