




La política fueguina y la Camorra: cuando los favores se convierten en silencios
NuevaHoraMagazine
La Camorra, organización criminal surgida en Italia y especialmente vinculada a la región de Nápoles, se ha caracterizado históricamente por sus clanes, redes de influencia y mecanismos de control. Esa estructura fue el punto de partida de una provocadora reflexión de Agustín Arcenegui durante la emisión del martes 6 de octubre de La Otra Mirada, por FM Austral 106.7. El conductor trazó una analogía con la política de Tierra del Fuego, no para afirmar la existencia de una organización mafiosa, sino para cuestionar un sistema de relaciones donde los favores pueden transformarse en obligaciones y los agradecimientos, en silencios.
“Cuando la sociedad toda le debe una vela al padrino, tenés que callarte la boca”, expresó Arcenegui. Su planteo apuntó a una realidad que, según describió, atraviesa a deportistas que necesitan recursos para competir, medios de comunicación que buscan financiamiento y sectores empresariales cuya actividad mantiene vínculos con el Estado. Cuando el respaldo económico depende de una decisión política, surge una pregunta inevitable: ¿hasta dónde puede llegar la libertad de quien necesita esa ayuda? La asistencia pública es legítima y necesaria en numerosas circunstancias; el problema aparece cuando se convierte en una herramienta de condicionamiento o en una deuda de lealtad personal.
Durante el intercambio con Lorena Casas, el conductor también cuestionó la escasa participación de grandes empresas en el acompañamiento de actividades deportivas y comunitarias. Señaló que muchos jóvenes deben organizar rifas, vender comida o recurrir a sus familias para representar a Tierra del Fuego fuera de la provincia. Esa falta de alternativas, sostuvo, termina fortaleciendo la dependencia política. La reflexión alcanzó especialmente a los medios de comunicación: si la supervivencia económica depende de quienes ejercen el poder, ¿qué ocurre cuando llega el momento de investigar, preguntar o cuestionar una decisión?
“No tenemos independencia”.
— Agustín Arcenegui
Arcenegui recordó incluso una experiencia personal: cuando no contaba con recursos, salió a vender choripanes para sostenerse y continuar haciendo su programa. Su testimonio puso sobre la mesa una cuestión central: la independencia no siempre significa carecer de necesidades, sino estar dispuesto a buscar alternativas para que esas necesidades no determinen lo que se puede decir. El análisis también incorporó el problema del arraigo. Agustín y Lorena plantearon que una sociedad marcada por la transitoriedad y la falta de pertenencia puede encontrar mayores dificultades para construir proyectos colectivos y exigir cambios profundos.
La analogía con la Camorra no debe confundirse con una acusación penal: recibir asistencia estatal, mantener relaciones institucionales o participar de programas públicos no constituye por sí mismo una conducta mafiosa. Pero la comparación permite discutir una cuestión que trasciende a cualquier gobierno o partido político: el riesgo de naturalizar un sistema donde los recursos parecen depender más de las relaciones personales que de reglas transparentes e iguales para todos. Y allí aparece una responsabilidad compartida. No alcanza con cuestionar a quienes administran el poder; también es necesario preguntarse cuánto contribuyen los distintos sectores sociales a sostener esas prácticas cuando aceptan el favor, guardan silencio o esperan que llegue su turno.
Porque quizás el problema más profundo de Tierra del Fuego no sea solamente quién ocupa el lugar del padrino, sino por qué tantos sienten que necesitan golpear a su puerta.


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